La crisis institucional por tapar el vertedero de Zaldibar

Cuando estaba en tercero de carrera y me explicaban aquello de las crisis institucionales y analizábamos lo que pasó, a nivel institucional y comunicativo, con el 11M parecía todo súperobvio. Quiero decir, era tan evidente todo lo que estaba mal que parecía mucho más sencillo hacerlo bien que continuar con aquella mentira. Ahora, unos 6 años después de aquello, volvemos a estar en el mismo punto con la crisis de Zaldibar.

Una crisis en elecciones

Víctor Pozas fue el señor que nos contaba con pelos y señales qué ocurrió en cuanto a comunicación en aquel fatídico 11M y los días posteriores. El 11 de marzo de 2004 se produjeron en el metro de Madrid una serie de ataques terroristas que acabaron con la vida de casi 200 personas que, como cada mañana, se dirigían a sus rutinas. Trabajos, clases, reuniones, visitas… a las que nunca llegaron. En las primeras horas el Gobierno decidió adjudicar la autoría a la banda terrorista ETA, una hipótesis que mantuvieron durante los siguientes días; pese a que todos los indicios apuntaban hacia otro lado. Para cuando quisieron contar la verdad, la mentira sostenida en la nada les había costado las elecciones.

En aquel 2004 hubo elecciones generales el 14 de marzo, solo 72 horas después de que nuestra participación en la guerra de Irak nos explotara en la cara. Aquel domingo, las encuestas fallaron más que nunca. De los pronósticos que daban por ganador a Aznar y su PP, para acabar dándole la vuelta a todo y fuera Zapatero quien acabó siendo el Presidente del Gobierno. Parece que 72 horas de desinformación, de sostener una mentira y, sobre todo, de no contar con un plan de crisis acabaron pasando factura. Y si lo hubo, el plan de crisis, es evidente que no se aplicó de la mejor forma. Para que luego digan que los planes (de comunicación, de marketing, de lo que sea) no sirven de nada; cualquier cosa es mucho mejor que improvisar.

El vertedero de Zaldibar

Jueves 6 de febrero, yo en la oficina cuando uno de mis compañeros comenta que ha habido un derrumbe en la AP-8 y que la carretera está cortada. En aquel momento, igual que nosotros, mucha gente no le dio importancia. Hacía unos días había llovido a mares y tampoco es la primera vez que la tierra, incapaz de seguir absorbiendo tanta agua, acaba por ceder. Al llegar a casa ya se hablaba del vertedero y comenzaron los rumores de que las cosas podrían no estar haciéndose correctamente y lo que es peor: dos personas había desaparecido. Los días siguientes fueron de mal en peor. Desde el no pasa nada, el agua no está contaminada, no hay peligros, a de repente recomendar no abrir las ventanas. Porque resulta que al final sí había un poquito de contaminación, aunque se tardara más de una semana en reconocer que algo estaba mal.

El lehendakari tardó lo mismo que esos análisis en dar la cara, las familias de los desaparecidos seguían pidiendo explicaciones, los cuerpos sin aparecer (y sin poder buscarse porque el terreno no es seguro) y la basura saliendo a la luz. Y no solo porque el fuego provocado por los vertidos liberara sustancias; sino porque cada día se tiene más información acerca de todo lo que se hacía mal. Incluso que uno de los dos desaparecidos denunció las irregularidades que se cometían en el vertedero de Zaldibar; y que lamentablemente él ha terminado pagando.

Desmemoriados

Para mí ha sido inevitable recordar la (no) gestión aquella del 11M. Generalmente, cuando te enseñan la teoría siempre piensas que eso no volverá a repetirse y nada más lejos de la realidad. No aprendemos, ni de la historia, ni de la comunicación de crisis, ni de nada de nada. Es como que nos da pereza abrir los ojos y volvemos a estamparnos con las mismas cosas una y otra vez. El próximo 5 de abril habrá elecciones en el País Vasco y quién sabe (aunque lo dudo enormemente) si vuelve a repetirse el vuelco nacional de 2004. Porque esconderse, no contar la verdad, no advertir y terminar por reconocer el error con retraso no está en ningún manual de crisis.

La gestión de una crisis requiere de todo lo contrario. Vaya, todo lo que no se hizo en el 11M ni tampoco en Zaldibar. Dar la cara, cuanto antes, reconocer el error y aportar soluciones y así hasta que se restablezca la situación. De otra forma, lo menos que puede pasar es que toda la basura salte por los aires, aunque justo es eso lo que intentan tapar en Zaldibar: una enorme crisis institucional agravada por el problema medioambiental generado por el malhacer. ¿Veis? si es que solo sabemos desenseñar a desaprender cómo no se hacen las cosas.

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