Bye-bye influencers, hola tiktokers

¿Os acordáis de cuando todos los adolescentes querían ser influencers o youtubers? Pues eso ya es cosa del pasado y, sí, solo han pasado unos pocos años. Ahora todos sueñan con ser tiktokers, algo que para alguien con alma de señora como yo suena a chino mandarino. Pero, ¿qué es TikTok? ¿Qué ha pasado con los influencers? ¿En qué momento todo volvió a cambiar? Como diría Jack, vamos por partes.

¿Qué es TikTok?

Empezar por esta pregunta es durito porque no saber qué es TikTok a estas alturas es de ser un poquito boomer, pero nadie es perfecto peña y en plena infoxicación no es fácil saberlo todo, lo sabemos. TikTok es una aplicación para crear vídeos cortos (o relativamente cortos, ya que pueden durar hasta 60 segundos). Siguiendo la línea de otras apps como Instagram, aunque no tengo muy claro quién siguió la línea de quién, TikTok también cuenta con filtros de todo tipo para que puedas hacer cosas más molonguis. Vídeos tan chachis que están construyendo nuevos códigos de comunicación, porque lo que comenzó siendo la nueva red social para los centennials, está ampliando poco a poco su público. Que yo aún me libro, pero estoy rodeada de personas que han caído en las redes de TikTok. Pensándolo bien, es posible que musica.ly te suene un poquito más. Sí, esa app que utilizabas hace diez años para hacer playbacks de las canciones del verano, sí.

La cosa es que en los últimos meses TikTok ha pegado un despegue brutal. Tanto que ya no solo es algo de adolescentes (y cuna de una nueva horneada de influencers, ahora llamados tiktokers), sino que los personajes más conocidos de otras redes sociales, se están cambiando de plataforma. Algo similar a lo que ocurre con Twitch y YouTube, la plataforma para gamers que cada vez va siendo más plural; tanto que hasta Jaime Altozano nos ayuda a teletrabajar todos juntitos de lunes a viernes. Hay que ir siempre dónde está el parné, que ya sabemos que aquí de visibilidad no se come.

De profesión, exinfluencer

Ahora parece lejano, pero hace poco más de una década, la influencia estaba en televisión y el resto de medios tradicionales. La gente se metía en nuestras casas desde alguno de esos medios, nos recomendaban cosas y algunos acabábamos comprándolas. En esto días esa gente ya no necesita meterse en nuestros salones, viajan con nosotros en el móvil. Así, los influencers han pasado de tener un papel pasivo de meros prescriptores de marca a, podríamos decir, creadores de contenido en relación a una marca. Una marca que también puede ser la suya propia, porque a partir de ahí surgirá todo lo demás. De hecho, el marketing de influencers mueve más dinero (y tiene mejor ROI, el de OT no, el otro) que el resto de técnicas tradicionales, incluyendo las digitales, juntas. Y para comprobarlo solo tienes que darte un paseo por Instagram y, últimamente, por las stories.

Igual que Facebook es cada vez una red social más envejecida, a Instagram también terminará pasándole más pronto que tarde. ¿Y dónde estará todo el mundo cuando eso ocurra? Correcto, en TikTok. Quizá por ello muchos ya lo están viendo venir y van haciéndose llamar tiktokers, como si la influencia básica ahora fuese algo menos glam. Porque la gente joven ya no quiere ser futbolista, ni siquiera youtuber, ahora todos quieren ser tiktokers, porque es lo que mola. Y lo que, si te lo montas bien, puede acomodarte el resto de tu vida.

Los tiktokers robapan

Visto este nuevo panorama, no puedo evitar pensar en qué estará pasando con los influencers. Es que, de verdad, a veces parece que nadie piensa en ellos. En esa gente que lleva años viviendo de vivir, de darnos envidia y de que intentemos ser como ellos, pero desde una vida de mierda. ¿Qué va a ser de toda esa gente? ¿De qué van a comer? ¿Por qué estamos dejando que los tiktokers les roben el pan?

Como en todo, habrá quien se mantenga fiel y su público también. Y también quien sepa renovarse y pasarse al nuevo formato, pero sobre todo adaptar sus nuevos contenidos. Aunque todos sabemos que lo que más abundará serán los influencers rotos. Personas que se han acostumbrado a un nivel de vida elevadísimo haciendo literalmente nada. Gente tendrá que aprender a buscarse las habichuelas pasados los treinta y tantos, con mucha experiencia en el mundo digital, eso sí. A veces pienso que ser nativos digitales es una ventaja con la que no han contado las generaciones pasadas, pero otras me doy cuenta de que eso obliga a una renovación constante. De nuestra forma de comunicar, de crear cosas sin parar, de saber adaptarnos a tendencias pero sin perder nuestro sello. Algo que antes no ocurría porque el primer trabajo era para toda la vida. Rutina monótona por dinámica, estabilidad económica por precarizción, trabajo indefinido por temporalidad. ¿Qué movida más tocha es la vida, eh?

Y mientras acabo esto, ya estoy pensando qué escribiré mañana (quizá no aquí, sorry). Porque si no escribo, no creo, si no creo nadie me lee y si nadie me lee, no me necesitarán en mi trabajo. Igual ser creador de contenido no molaba tanto.

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