Web o no web, esa no es la cuestión

Ahora que las redes sociales de Mark Zuckerberg amenazan (o eso nos dicen) con quitar los likes, es un buen momento para retomar uno de los principales problemas de los influencers. Esa gente que comienza a hacerse (muy) famosa a través de una determinada red social y que el día que desaparezca, si es que eso ocurre, se quedarán sin nada. Sí, hablamos de lo importante que es tener una página web, tanto si te dedicas a influenciar (o intentarlo) como si realizas cualquier otra actividad que te haya permitido ganar un buen número de followers.

¿Tener una página web?

Esto debería ser de primero de influencer y de persona que pretende sacar algún tipo de beneficio desde un perfil social. En primer lugar porque en cualquier red social deberás seguir determinadas normas. Ya sabes, eso de no subir pezones femeninos, no utilizar determinadas etiquetas… cosas que en el mejor de los casos le restarán visibilidad a tus publicaciones. En la peor de las situaciones, acabarán con tu contenido eliminado. Además, recuerda que todo el contenido que subes a cualquier red social deja de pertenecerte en el mismo momento en el que lo subes. Sí, eso es uno de los mil millones de apartados legales que no lees de las políticas de los servicios.

Así, tener una página web te da una libertad que no podrás obtener desde tu perfil de miles de seguidores en la red social de turno. En tu página web podrás subir las fotos que quieras, incluso alguna en la que se intuyan unos pezones de mujer, escribir sobre lo que quieras y atraer visitas desde tus redes sociales. Eso es lo que deberías hacer. Y no depender en exclusiva de una plataforma de terceros. Además, que de esta forma el contenido siempre será de tu propiedad, a no ser que estés inspirándote demasiado fuerte en otros. Ya sabes lo que suele decirse: quien primero indexa en Google, tendrá la autoría.

Preparado para el fin

¿Te acuerdas de lo mucho que te flipaba Tuenti hace unos años? ¿O de lo bien que te lo pasabas creando collages con el Phtoscape para subirlos al Fotolog? ¿Y qué ha sido de todo aquello? Correcto, nada. Vale, igual no son los mejores ejemplos. Seguramente tú eras el más interesado en que todas aquellas cosas se perdieran en el limbo de internet, pero lo cierto es que entre aquellas fotos vergonzosas de la adolescencia y aquellos textos al estilo Coelho, habría algo digno. Y eso, también se ha perdido para siempre.

Por eso, si es importante tener control sobre tu contenido (y sobre todo ¡sus derechos!) no es menos importante tener el poder para decidir cuándo deben desaparecer. Imagina que mañana cerrara Instagram o Twitter, ¿qué sería de tus publicaciones? ¿Dónde acudirían tus seguidores para continuar sabiendo de ti? ¿Qué ibas a presentarle a las marcas para que sigan mandándote cositas o ‘continuar influenciando’? Correcto, nada. Si ni con estas te queda claro lo mucho que necesitas tener una página web, el polígono ya no puede hacer más por ti.

En 2019 lo último que debería dudar cualquier influencer (aka persona que quiera mostrar algo y llegar a mucha gente) es en tener una página web. Porque aquí, la duda (nos) ofende. Y mucho.

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