Tamara Falcó, los cuernos y toda la movida (rancia) religiosa

Miento si digo que en los últimos días no he estado ansiosa por saber más sobre lo de Tamara Falcó. Miento igualmente si niego que estaba living con el salseo que se desató hace unos días a raíz del pillote a Iñigo Onieva. Y también mentiría si dijera que estoy de acuerdo con el blanqueamiento que están haciendo los medios con las ideas prehistóricas que defiende la Marquesa.  Y justo eso es lo que no quiero.

A mí siempre me dijeron que hay determinadas ideas que no son respetables. Lo que siempre hay que respetar es a las personas, aunque en determinadas ocasiones se haga un poco difícil si, como en este caso, sus ideales van contra los Derechos Humanos. La libertad de pensamiento está genial siempre que no atente contra los derechos de los demás. Y eso es lo que ocurre con la mayoría de las ideas que defiende Tamara Falcó en los últimos años. Quizá siempre fue así, pero se escondía detrás de su imagen naif, pero desde que se pasara al ultracatolicismo parece que ya no existe ningún disfraz.

Tamara, la pija, Falcó

Si hurgásemos en las revistas del corazón es probable que todas las referencias que encontremos a Tamara Falcó tengan que ver con su pijerío. Con ser la digna sucesora de su madre, con haberse convertido en la nueva marquesa después de que su padre falleciera, los realities que ha protagonizado y su fervor religioso. Parece que Tamara Falcó siempre fue superdevota de las vírgenes, los santos, de Dios y del Niño Jesús, pero lo cierto es que no. De hecho, la revelación no llegó hasta 2011, cuando dejó de ser una católica estándar (de las que fueron bautizadas y, salvo BBC, no volvieron a pisar una iglesia hasta que tocó ir a misa para poder hacer la comunión) para pasarse al lado ultra.

Y así, cruzándose con una Biblia en La Casa del Libro y haciéndola su guía de vida, Tamara Falcó llega a participar en el XIV Congreso Mundial de las Familias. Un sarao de estos rancios a los que acuden personas con mentalidades de otras épocas. Ideas que no se corresponden con la mayoría de la sociedad actual y que aún tiene defensores en personas como la propia Tamara Falcó; incluso, a pesar de que la máxima autoridad religiosa, es decir, el PapaPaco, esté empezando a llevar a cabo un cierto aperturismo en el seno de la iglesia católica.

Qué ideas, qué malas ideas

Desde su ultracatolicismo no es raro escuchar a Tamara Falcó posicionarse en contra del aborto, del matrimonio igualitario o de otras ideas retrógradas. Parece que se le ha olvidado que su familia no cumple por casi ninguna de las partes con los ideales que ella lleva un tiempo defendiendo. Es más, en su círculo de amigos se encuentra, entre otros, Boris Izaguirre.

Junto a gente tan simpática como el presidente de HazteOir (#NO) y otros señores (casualmente) del mismo hilo, Tamara Falcó ha conversado sobre valores tradicionales, el antiabortismo, los movimientos provida o los tipos de sexualidades desde los que se ejerce el mal, entre otras cositas. El suyo ha sido un nombre más en un sarao por el que en anteriores ocasiones han pasado Giorgia Meloni (ejem), Matteo Salvini (ejem, ejem) o Viktor Orbán (vaya, vaya). Lo mejor de cada casa.

Todos los que hace unos días nos sentíamos identificados con Tamara Falcó por lo ocurrido con Onieva, no deberíamos olvidar la otra cara de Tamara. Una cosa es que nos pueda el rollo chenoísta (sin por supuesto acercarse ni a la felpa del chándal) y otra es que contribuyamos al blanqueamiento que están haciendo los medios. Tamara Falcó es el salseo de actualidad en el corazón patrio, pero también es un peligro en cuanto a la difusión de sus ideas. Si a la infidelidad no le dedicas ni un segundo en el metaverso, a la difusión de determinadas cosas tampoco deberías, Tamara. Avanzamos hacia una sociedad plural, diversa, multicultural, feminista, empoderada y si vosotros no queréis seguirnos, dejadnos seguir solos. Cuando evolucionéis estaremos esperando, pero por favor, no nos hagáis retroceder por vuestras cuestiones divinas.

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