SEO

PoliSEO para poliprincipiantes

La mercadología, eso que todos los demás llaman ‘vender humo’ y que puede que años más tarde de tu primer día de clase aún tus padres no tengan muy claro a qué te dedicas. Eso que parece ser el mal del mundo, lo que nos hace comprar y gastar por encima de nuestras posibilidades, aunque no necesariamente. La vida es un poco marketing en sí misma, solo que a veces no nos damos cuenta. Todo va de objetivos, mediciones, resultados y satisfacción en mayor o menor medida. Pero no he venido a eso. He venido al SEO.

A.S., antes del SEO

Cuando aterricé en mis primeras prácticas y me pidieron redactar un par de textos orientados al SEO y optimizar unos anuncios de Google AdWords, quise coger la puerta y escapar. Irme a casa y replantearme si yo realmente sabía cosas, si había aprendido algo en esos cuatro años o si, quizá, había conseguido aprobar con suerte y nada más. Porque hasta ese momento para mí el SEO y el SEM solo eran definiciones. Algo que había tenido que aprenderme para un examen, que conocía teóricamente, pero que no tenía ni idea de cómo se ponía en práctica. Si es que yo podía ponerlo en práctica.

Y sí, pude y puedes. Porque, aunque al principio te sientes superperdido, al final (como todo) no es para tanto. Solo hay que tener unas nociones básicas y, a partir de ahí, aplicar tu propio método. Que en realidad es algo que acabas haciendo de forma inconsciente y que, si no funciona, siempre llegará la maravillosa optimización. Otro concepto que es igual de abstracto que el SEO pero que podrás llegar a entenderlo, aunque solo Google Analytics y las conversiones te dirán si lo estás haciendo bien. Nadie dijo que vender humo, perdón, hacer marketing fuera fácil.

Pero vamos al lío.

¿Qué es el SEO?

¿Y tú me lo preguntas? El SEO es el posicionamiento orgánico en buscadores. El noble arte de conseguir que tus textos o páginas sean los primeros resultados que obtiene un usuario. Algo que parece automágico pero que no es más que prueba, error y suerte. Mucho de los tres.

Lo más probable es que solo consigas posicionar en la primera página de Google unos muy pocos artículos. Piensa que en internet hay cientos de miles de páginas web y, por muy bien que tú lo hagas, hay mucha y muy dura competencia en la red de redes. Pero nada es imposible, poder se puede y sin necesidad de dejarte los euros por el camino ni ser, poco menos, que el mismísimo Larry Page o Serguéi Brin para tener el control del algoritmo.

El ‘algortimo’

El algoritmo de Google, eso que nunca nadie entiende, que algunos sacan aproximaciones y que tendrás que tener al día para ir sobre seguro. Aunque también te digo, no es garantía de nada. Google y su algoritmo son lo más veleta que puedas cruzarte en tu vida. Lo que hoy le gusta, la semana que viene no y entonces tú te ves en la necesidad de revisarlo todo, todo y todo para ajustarlo a sus nuevas condiciones. Así que lo más probable es que cada cierto tiempo, al menos una o dos veces al año, te veas releyendo aquello que escribiste y cambiando un poco aquí y otro poco por allí para ver qué le va pareciendo a Mr.Google. Y, spoiler, suele funcionar.

Aunque solo sea durante días o semanas, generalmente al algoritmo le gusta que le consientas. Así que aquellas páginas que hayas optimizado seguramente recibirán más visitas o escalarán posiciones en los resultados de búsqueda pocos días después de haber introducido los cambios. Los ajustes que tengas que hacer puede ser de todo tipo, desde añadir o quitar etiquetas HTML, redactar textos más largos, optimizar tu palabra clave… todo dependerá del algoritmo de turno. En cualquier caso, nunca está de más darle una vuelta a los textos. Así, si están bien posicionados será más fácil conservar ese puesto, e incluso subir posiciones, porque si algo le gusta a Google es que el contenido esté actualizado. Y, si lo piensas bien, es lógico que priorice esto, ¿para qué va a mostrar en los primeros lugares un contenido obsoleto que no va a ser de utilidad para el usuario?

¿Cómo SEO hace?

Con mucho cuidado. El SEO es como la ‘cencia’, no se hace sola, hay que hacerla. Para que nos entendamos, el SEO es el resultado intangible de cosas ‘tangibles’, como los textos o las imágenes, y de otras tantas ‘intangibles’, como el marcado de datos o algunos protocolos de internet que te contaré más adelante. Sé que en realidad es todo igualmente de intangible porque, como mucho, podrás tocar la pantalla de tu móvil u ordenador, pero con esto de tangible e intangible quiero diferenciar entre las cosas que se ven fácilmente y todo lo que está oculto. Y con oculto me refiero a lo que se puede ver en el código de la página y más allá.

Recuerda: en el SEO tú trabajas para Google y él, a su vez, para el usuario. Vigila ese porcentaje de rebote porque de nada va a servir tener un buen lugar en el ranking, si quien llega a tu página se va como vino. Del de beber no, de verbo irse. Eso solo indica que el contenido que ofreces no está muy relacionado con la palabra clave que estás posicionando o que, por algún motivo, al usuario que llega a tu web no le está resultando útil y deberías darle una vuelta.

Pero vayamos por partes, aunque eso ya sea en el próximo polipost.

Deja un comentario