La ¿ecología? de Lush

Hace bastante que no publicamos nada hater. Bueno, a decir verdad hacía bastante que no publicábamos. La vida del mercadólogo es dura, la del mercadólogo pluriempleado aún más. Pero eso, que desde que nos metimos con Inditex hemos estado muy formales. Y como en aquella (primera) ocasión, volvemos para desmontar cosas; o al menos intentarlo. Esta vez la mierda olerá bien, puesto que hoy hablaremos de la (no) ecología de Lush, la marca de cosméticos.

Lush se define como una marca vegana, crueltyfree y de productos hechos a mano. Contra esto no tenemos nada que hacer porque, parece que se cumple, pero si entramos en su web veremos que también hacen su buena RSC. Y esto tampoco es malo, pero sí un poco extraño. Lush, actualmente, apoya iniciativas para la no contaminación de las aguas y productos nacked; es decir, sin packaging. Ambas iniciativas están genial y, teniendo en cuenta su poder como marca, es una buena forma de ayudar a concienciar sobre qué deberíamos dejar de hacer y cuál es el impacto medioambiental de nuestras acciones.

Y… ¿el agua?

Nosotros, personalmente, echamos en falta una iniciativa que les iría como anillo al dedo: el consumo innecesario de agua. No tirar plásticos al agua y evitar toda forma de contaminación es algo en lo que, desafortunadamente, aún queda mucho por enseñar; de ahí que nos parezca genial las campañas de Lush y cualquier iniciativa medioambiental que promuevan. Pero es igualmente importante reducir el consumo de agua; especialmente si es totalmente innecesario.

Clarísimamente a Lush no le interesan esas campañas y como mercadólogos lo entenemos. El producto estrella de la firma cosmética son las bombas de baño. Unas bolitas de colorines que echas es una bañera llega de aga y… ¡se convierten en Chocapic! Bueno no, hacen del agua un vino de unicornio con más colores que el arcoiris y espumitas varias. Y, claro, si vendes cosas que requieren de un consumo innecesario de agua, no vas a apoyar de manera pública iniciativas que promuevan un consumo responsable. Lo entendemos perfectamente.

Markecología

Como buenos mercadólogos hemos inventado un palabro para designar la (no) ecología de Lush. Cierto es que ellos no se autodenominan como ecológicos, entre otras cosas porque sería totalmente falso. Resaltan aquellos valores que sí cumplen: el uso de productos naturales, el no testar en animales, en no utilizar un packaging plástico para sus productos… Pero se están dejando un señor campañote, aunque conllevaría darle una vueltita a sus productos estrella.

Entendemos que, si los vendes como churros porque en el siglo XXI somos muy del postureo y una bombita de Lush deshaciéndose en nuestra bañera da para unos cuantos likes, no vayas a cambiar nada. Al menos no a medio plazo. Pero en medio ambiente más vale una vueltita al producto. Sacar algo de características parecidas, que sea tan chupi y huela a purpurina como sus famosas bombas, pero que no necesitara una bañera llena de agua para producirse la magia.

Si algún día el agua llegase a escasear como en países de África, nos acordaremos de la (no) ecología de Lush. Y esas bañeras de influencers rebosando de aguas rosas nos parecerán, más que un sueño, una mala pesadilla.

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