El código de influencers, la normativa para regular la ‘Teletienda’

Hace unos días el mundo influencer saltaba por los aires. Y es que desde el 1 de enero de 2021 la publicidad de los influencers estará (por fin) regulada mediante un nuevo Código de Autorregulación especialmente redactado para esta profesión tan moderna. A partir de ese día deberán indicarnos qué cosas, de las muchísimas que enseñan, son colaboraciones y cuáles recomiendan por iniciativa propia sin que ninguna marca les haya pagado. Pero, ¿cómo hemos llegado hasta el código de influencers?

La novedad de la influencia

Como en casi todo, las normas van surgiendo a medida que son necesarias. Solo tenemos que mirar unos meses atrás, cuando con la pandemia el teletrabajo se disparó y no había norma alguna que lo regulara. Entonces se hizo necesario redactar una ley ex profeso para todo lo relacionado con el trabajo en remoto, aunque para que comience a aplicarse habrá que esperar un poquito más. Y con el mundo influencer ha pasado un poco lo mismo, al tratarse de algo ‘nuevo’ (y entrecomillo, porque es como las nuevas tecnologías: no es tan nuevo) la norma se ha hecho de rogar, lo que ha provocado que los influencers hicieran, deshicieran y manipularan la opinión de su audiencia a su antojo.

El marketing de influencers creció un 50% el año pasado, pero para llegar a esa conclusión tampoco son necesarios los datos. Basta con que simplemente te des un paseo por las redes sociales, especialmente Instagram, para ver cómo los stories se convierten en la teletienda. Y como esto había que frenarlo los Ministerios de Asuntos Económicos y el Ministerio de Consumo aprobaron el código de influencers elaborado por la Asociación Española de Anunciantes y Autocontrol. En este documento se establecen las obligaciones de los influencers, entre las que se encuentra indicar de forma clara toda acción promocional que realicen y por la que hayan recibido algo a cambio. Este cambio puede ser tanto dinero como pago en especie. Y es que esto último ha sido la gran triquiñuela de los influencers y alguna que otra marca.

¿Qué supone el código de influencers?

Básicamente supone la obligación de etiquetar el contenido comercial, que habrá sido previamente detallado en el contrato que firmen la marca y el influencer. Incluso si las colaboraciones no son productos, sino la asistencia a eventos o viajes o si las colaboraciones son fruto de la intermediación de una agencia. Vamos, que ya no hay escapatoria para evitar marcar ese contenido que nos muestran pago (del que sea) mediante. No será necesario indicar que es una colaboración (básicamente porque no lo será), cuando alguien nos muestre un producto por el que no le han pagado. Es decir, las recomendaciones buenas y de verdad (que las colaboraciones ya sabemos que tienen muy poquito de sinceras).

¿Qué como deberán indicar el contenido promocional? Pues serviría con utilizar hashtags como ‘publicidad’ o ‘publi’ o indicar que el contenido está ‘patrocinado por’, que se ha realizado ‘en colaboración con’ o  por ser ‘embajador de tal marca’. También se admitirán otras fórmulas similares siempre que indiquen claramente que se trata de publicidad. Fórmulas que pueden variar en función de la red social o plataforma en la que se realice la colaboración. Además, tanto la AEA como autocontrol podrán monitorizar estas publicaciones o contenidos para garantizar que se está cumpliendo con el código de influencers.

Lo que vendrá después

Se supone que, como diría la Pantoja, a partir del 1 de enero debería quedar atrás aquello de ‘si hay alguna duda en el aire, por si hay alguna duda sobre mí’; ya que todo el contenido estará correctamente etiquetado y no habrá lugar a dudas de qué es publicidad y qué no. O al menos debería ser así para poder acabar con la publicidad encubierta. Esto, además, contribuirá a legalizar las relaciones comerciales entre empresas e influencers porque será necesario que haya un contrato; algo que, sobre todo, encantará a Hacienda (que somos todos).

Es evidente que algo que se ha convertido en la profesión de muchos millennials y que otros muchos niños aspiran a ser influencers ‘cuando sean mayores’. Por tanto, el código de influencers era algo más que necesario para los derechos y obligaciones de los influencers actuales y también para todos los que vendrán. Yo solo espero que, ahora que deben indicar sus colaboraciones, algunos dejen de ser una teletienda porque para no perder seguidores y poder aumentar la cifra, es necesario hacerlo bien. Y con bien me refiero a cosas que puedan hasta ser naturales porque se identifican con los valores que transmite la persona que los muestra. Que el follow para sorteos y cosas concretas es muy fácil, lo difícil es ser capaz de seguir manteniendo a tu audiencia. Y para eso necesitas criterio y no dejarse llevar por ‘los dineros’.

Ahora la pregunta es: ¿quién puede considerarse influencer? ¿Cuántos seguidores como mínimo debería tener una persona para ser considerada como tal y, por tanto, estar obligado a seguir el código de influencers?

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