Piensa Sexi, es de publicidad molongui

Ay, amiguis (redoble de tambores) ¡hemos recibido el primer poliobsequio. (¿Esto quiere decir que somos influencers?). Como no podía ser de otra forma, se trata de algo muy relacionado con la mercadología. Y, por si alguien no lo conoce, aprovechamos este huequito en internet para contribuir a que la publicidad sea un poquito menos esterotipada de la mano de Piensa Sexi. ¿Que de qué va toda esta mandanga? ¡Pues sigue leyendo!

Preparados, listos… ¿ya?

La vida, o el Polígono, me han llevado a trabajar en cosas del internet. Y desde ahí me doy cuenta de que la gente solo es consciente de la parte visible de su marketing. Me explico: está muy bien hacer campañotes para vender más el Black Friday, pero de nada te van a servir si detrás, todo lo que no se ve, no está preparado para soportarlo. Pero como eso solo implica ‘gastar’ dinero y no se ve reflejado en el número de followers de tus perfiles sociales, no interesa.

El 8M no era para promocionar(se)

Aún tenemos resaca emocional de lo bonito que fue el 8M. A pesar de quienes quisieron empañarlo, sin duda el feminismo solo acaba de empezar, así que señores prepárense. Aquellos que se suben al carro por subir, los que defienden la compra-venta de niños y esos últimos que acaban de llegar. Pero, aunque el Polígono siente la necesidad de hablar de todo, hoy venimos a otra cosa.

‘Console wars’ – Blake J. Harris (2017)

De vez en cuando en el Polígono del Marketing hemos dado un poco de rienda suelta a la afición que tiene parte del staff de los videojuegos. También avisamos que sería posible que hablásemos, de vez en cuando, de libros relacionados con la mercadología que tanto nos gusta. Así que hemos decidido arrancar con un título que aúna ambas temáticas: Console wars. Se trata de una novelización de la guerra acontecida en los años 90 en Estados Unidos entre la empresa de videojuegos más importante del momento, Nintendo, y su rival Sega. Una batalla que definió a toda una generación de jugadores y todavía, más de dos décadas después, se sigue recordando con cariño y fiereza. O eras de Mario o eras de Sonic, no había espacio en el patio del colegio para la equidistancia.