Con el juego no se juega porque te lleva

No, no estábamos muertos. Solo estábamos de parranda, de una (un poco) demasiado larga. Pero, tenéis que entendernos, no es fácil combinar la labor mercadológica profesional con las polimovidas. Y menos en medio del verano. Aún así en los últimos días ha habido un par de cosillas que nos han hecho volver a las andadas: las malditas casas de apuestas.

Una lacra deportiva

Dicen las estadísticas que el perfil del ludópata es cada vez más jóven. Y, lamentablemente, no nos extraña nada, si incluso las hay frente a los colegios. En los últimos años el número de casas de apuestas se ha disparado, tanto que podríamos decir que casi hay una en cada calle. Y, cuando no, en la misma calle hay unas cuantas. Así, bien surtiditas, diferentes empresas para que puedas apostar tu dinero al deporte que más te apetezca. Y si es varias veces, pues muchísimo mejor, más dinero que te llevas en caso de resultar ganador. Y también mayor será la adicción de quienes acaban cayendo en las enormes garras de esta cruel industria.

A todos nos ha quedado claro que el deporte por dentro está bastante podrido, especialmente el deporte rey: amaños de partidos, compra de árbitros, evasión de impuestos… Un nivel de podredumbre que ahora parece pasar al espectador. Todo por la pasta, por el método más inocente, además. ¿Quién pudiera pensar que por apostar un par de euros a que gana tu equipo podría acabar mal? ¿Qué mejor forma de llegar a los jóvenes que a través de sus ídolos?

Vuelta a los 80

Lo que se dice de la droga y los 80, de todas las vidas que se llevó a su paso, podríamos aplicarlo a las casas de apuestas. O lo del señor de vino y tragaperras, lo que prefiráis. Puede que aún no sea literal, pero de alguna manera sí que están matando y enganchando a nuestros jóvenes. Cuando en 2004 el Betis fue patrocinado por una casa de apuestas nadie pensó que aquello iba a convertirse en una ‘moda’. En aquel momento la noticia pasó sin pena ni gloria, ahora se ha convertido en todo un problema. No hay año en el que en la principal liga de fútbol se cuelen un par de estos enemigos. Y ya no solo en sus camisetas, también en los estadios, en los anuncios de medio tiempo, en las páginas de los clubes… en todo.

Estos patrocinios han podido gustar más o menos, pero lo cierto es que actualmente solo la Real Sociedad (y sus socios) se han opuesto a lucir una casa de apuestas en su camiseta. Porque la publicidad se ha convertido en la mejor forma de las casas de apuestas para acceder a su target. Desde los anuncios protagonizados por rostros conocidos, e incluso los propios futbolistas, a aquellos del ‘juega, juega, juega’, como si esto fuera un experimento de James Vicary.

Luego tenemos a gente como Sobera quien, además de ser uno de los rostros más conocidos de una de estas casas de apuestas, negó que la publicidad en la que él participaba creara ludópatas. No, qué va señor. Posiblemente no convierta a quien la ve en ludópata, pero sí que le incitará a apostar una vez. Y una sola vez pueden convertirse en muchas y, entonces, en un problema.

Casas de apuestas obreras

Precisamente son los barrios obreros de nuestras ciudades los lugares en los que se disparan las estadísticas de jóvenes ludópatas. Bien sea porque lo ven de forma inocente, bien como una vía de escape a su ambiente combinado con un poquito de ambición, lo cierto es que es en los barrios más humildes donde todo se dispara. Tanto el número de apostadores, como la cantidad de casas de apuestas. El único punto positivo que podríamos sacar de todo esto es que hubiera crecido el empleo, pero tampoco. La digitalización del sector de las casas de apuestas ha provocado que ni siquiera en número de empleados pudiéramos ver algo bueno en todo esto.

Y, cuando más nos preguntábamos porqué el Ministerio de Sanidad realiza campañas de concienciación contra el alcohol, el tabaco y las drogas pero no contra la ludopatía saltaba la liebre. El último ex-ministro de Justicia de Mariano, Rafael Catalá, fichaba por una de estas casas de apuestas. Ya sabéis, lo de las puertas giratorias y tal. Una empresa que abandonó para formar parte del gobierno y a la que vuelve ahora que España es ese lugar sin gobiernos ni pactos ni ná de ná. Se supone que va a encargarse de la regulación del juego, entre otras cosas, pero viendo desde qué parte lo hará nos hacemos una idea de cómo puede ir la cosa. Bien para unos, la misma mierda de siempre para los que sufren.

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