Campaña de Navidad

Se dice, se comenta que los creativos publicitarios españoles son de los mejores del mundo. En el Polígono del Marketing no nos lo acabamos de creer. ¿La razón? Vemos mucha tele (demasiada) y los anuncios que se emiten en España dejan bastante que desear. No hay más que encender la pequeña pantalla para darnos cuenta de la calidad de los anuncios que se emiten. ¿Cuántos consideráis genuinamente buenos? Se pueden contar con los dedos de una mano. Aunque en este post os queríamos hablar de esa nueva rama de la campaña de navidad que no quieren venderte un producto, quieren contarte una historia.

campaña de navidad, campofrío 2018

Dentro del Polígono del Marketing tenemos varias ramas de especialización en la comunicación o el mundo empresarial: gente de ADE, politólogos, publicistas, comunicadores audiovisuales o periodistas. Estos últimos nos cuentan, por activa y por pasiva, que su trabajo consiste en contar historias. Y es cierto, el periodismo trata de eso (al menos en una gran parte), aunque en su caso suelen ser reales. Pocas veces sucede eso en publicidad, prefieren contar historias de ficción. Aquarius si es una marca que se ha prodigado con las historias reales como aquel anuncio del señor que está construyendo su catedral con lo que va pillando. ¿A qué viene todo esto? A un nuevo ramo de anuncios navideños: el lacrimógeno o “pa’ pensar”.

Se acaba el año y se cierran los presupuestos. Muchas empresas agotan los dineros que les quedaban para que el ejercicio siguiente no se los recorten. Así que pueden tirar un poco de imaginación y hacer cosas diferentes. Hablamos, claro, de los anuncios navideños de, por ejemplo, Ikea, Campofrío o Ruavieja. Anuncios que buscan dar que pensar en estas fechas, pero que desde aquí nos parecen un poco casposos (opinión personal, no consensuada con el Polígono). El de Campofrío de los chistes solo tiene una cosa buena: Don Gregorio Esteban Sánchez Fernández, que en paz descanse. Meter al Chiquito en cualquier sitio es siempre una buena noticia. Y hasta ahí. Un anuncio que trata de sumarse a la ola de los políticamente incorrecto (que arriba a las playas de la ultraderecha), pero que no tiene los bemoles de meter a Dani Mateo y su famoso sketch con la bandera de España. Un anuncio que, por lo que deja ver, muestra a las feministas como unas histéricas (y van…). Un anuncio donde no se sabe qué intentan vender: ¿el humor?, ¿el jamón?, ¿el que ya tenían a esta gente fichada de otros anuncios y tienen que comer?

Aunque creemos (plural mayestático) que los dos peores son los de Ikea y Ruavieja. Anuncios que intentan hacerte sentir mal por usar el teléfono móvil, las redes sociales y la tecnología en general. “Deja el Whatsapp y queda para beber alcohol en sociedad”. Un bonito mensaje a la chavalada, la mejor forma de socializar es pillarse una cogorza. La tecnología no nos aísla, nos permite comunicarnos. ¿Que a veces nos pasamos con el móvil? Sí, pero una mala educación 2.0 no implica que la herramienta en sí sea mala. Un poco lo mismo con el anuncio de Ikea. Las familias lo saben todo de famosos y redes sociales y poco de los familiares. ¿Y qué más dará? Lo importante es juntarse y quererse. ¿Para qué querrá saber mi madre cuál es mi grupo favorito? ¿Para qué quiere saber mi primo ande chuscaron por primera vez sus padres? Pero intentan hacerte sentir mal por saber que Suso dejó a Aurah por teléfono (¡será hijo de…!). O por más chorradas que las tienes en el día a día y acaban permeando en tu cerebro sin que te des cuenta. Y eso si hablamos de familias sanas, ¿y si te cae mal? ¿y si no tienes amigos o están todos en distintos puntos del mundo? Creo que este tuit es bastante revelador.

Simplemente hemos escrito este post para soltar el vinagre que tenemos encima con estos anuncios que apelan a las partes negativas de las personas en vez de buscar la luz. ¿Acaso la forma de socializar de hace 30 años era mejor que juntarse con los colegas a echar una partida del Fortnite? Si se jugase más al Fortnite y se bebiese menos en los bares, habría menos borrachos al volante, pero eso no te lo van a contar, claro. En fin, que cada palo aguante su vela y cada cual haga lo que le parezca, sin que unos señores trajeados que aprueban anuncios vergonzantes como los de Casa Tarradellas te digan lo que es bueno o malo según su brújula moral. ¡No vaya a ser que luego sean unos explotadores laborales!

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