El 8M no era para promocionar(se)

Aún tenemos resaca emocional de lo bonito que fue el 8M. A pesar de quienes quisieron empañarlo, sin duda el feminismo solo acaba de empezar, así que señores prepárense. Aquellos que se suben al carro por subir, los que defienden la compra-venta de niños y esos últimos que acaban de llegar. Pero, aunque el Polígono siente la necesidad de hablar de todo, hoy venimos a otra cosa.

Empañando la visibilidad

El 8M además de cosas preciosas, pasaron otras que no nos hicieron tan felices. Y especilamente nos dieron rabia por venir de mujeres, mujeres que creen que feminismo es lo contrario a machismo. Mujeres que, por lo que sea, no han sufrido en carne propia la brecha salarial, los techos de cristal y todas esas cosas que nos ponen barreras para avanzar.

Las redes sociales están repletas de influencers. Gente con un enorme poder que convencen a su audiencia de lo maravillosos que son algunos productos, de lo bien que se cena en tal sitio o de lo chachis que son sus vacaciones en nosedónde. Y esa gente con tantísimo poder enviando mensajes erróneos son el mal personificado. No vamos a negar que el 8M paseamos por las redes sociales para ver qué hacían los influencers, especialmente ellas. Especialmente las mujeres que viven de su imagen. Y aunque esto pueda ser muy criticable, lo hicimos porque nos lo veíamos venir porque el Polígono es muchas cosas, pero un poquito pitoniso también.

8M, huelga de consumo

Además de quedar en las calles, la huelga del 8M también incluía el consumo. Queremos que la sociedad vea todo lo que hacemos y queremos mostrar nuestra fuerza, que es mucha y cada vez será más. Para ello, íbamos a gritar en las calles, a parar el mundo al no acudir a nuestros puestos de trabajo y a paralizar el consumo por un día. Muchas lo hicimos, pero algunas influencers no.

Estuvo muy feo ver stories de compras, promocionar productos y hablar negativamente del feminismo. También estuvo feo esas miles de felicitaciones, como si tuviéramos algo que celebrar, y a quienes le hacían regalos por ser mujer. Porque todo eso es justo lo que no queremos. No queremos felicitaciones, queremos derechos. No debíamos gastar, debíamos hacer que el mundo se congelara. El 8M no bastaba con poner un mensajito en las redes sociales. Si queremos cambiar las cosas se necesita mucho más que postureo.

Todo mal, nada bien

Nos parece perfecto que cada cual tenga sus ideas, pero siendo alguien de relevancia hay que tener cuidado cómo se hacen las cosas. Igual que Alejandro Sanz o Alfred se pasaron un pelín de frenada, especialmente el primero, muchas influencers mandaron mensajes contradictorios. No vamos a dar nombres, pero felicitar a las mujeres y promocionar trapitos en el mismo 8M, es un no rontundo. Irte de compras y mostrarlo un 8M es un no rotundo. Aprovechar el 8M para criticar a mujeres y atentar contra el feminismo, es un no rotundo.

Como ya hemos dicho, seguramente estas chicas no han sufrido en sus carnes la dureza del machismo. Y no, no hablamos de maltrato. Nos referimos a sueldos lamentables por el mismo trabajo que cualquier compañero, al niguneo por ser mujer, a la crítica y el desprecio por el hecho de serlo. Algo que, afortunadamente, no habrán sufrido muchas de las influencers que el 8M cayeron en error. Quizá por ello, no se dan cuenta de lo necesario que es el feminismo y de lo importante de la sororidad.

Pero cuando os deis cuenta de lo fuertes que somos juntas y os unáis, os querremos igual.

Deja un comentario