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Eurosalseo

El sábado fue el gran día. Ese momento que esperas con ansia durante todo el año y que cuando llega La Semana el corazón te late más fuerte que una lata de tomate. Ay, ojalá Eurovisión más veces al año. Pero, como por el momento no es posible, vamos con el salseo eurovisivo que os prometíamos hace unas semanas.

1. Eurotongo

En España empezamos el festival por todo lo alto. Con lo que todos los Mirelers, o así es cómo creemos que se llaman los fans de Mirela, denominaron #eurotongo. Los pobrecicos querían que quien representara a España fuese su diva de ventilador con una canción que, de haber sido hace 10 años y cantada por Sonia y Selena, yo hubiera comprado totalmente. Pero en 2017 eso ya como que no. Por mucho que les pesase, lo de Manel, sin ser ninguna maravilla, era algo más fresco y diferente a las típicas propuestas españolas. Por segunda vez, llevábamos algo que no parecía de España y a un chaval más majo que las pesetas, pero no nos libramos del bottom. 5 puntitos para casa gracias al televoto vecino y un gallo es todo lo que rascamos en la edición de 2017.

2. Rusia VS Ucrania

Esto fue el salseo máximo ¿Cómo llamamos a todo lo que pasó con Rusia? Esto traía cola desde el año pasado ya que Jamala y su canción presuntamente no cumplían todos los requisitos, pero aún así se le permitió concursar. Y ganar. Así que se sabía que iban a pasar cosas. Del cuñadismo máximo se votan entre ellos, porque son vecinos, algo que deberíamos ir dejando atrás, este año llegamos al no te dejo cantar ni por Skype. Ucrania decía que la representante rusa estaba vetada en su país por cuestiones políticas, la pobre UER propuso que, al menos, le dejaran participar por satélite y Ucrania volvió a negarse. Total, que al final Rusia se retiró del concurso. Ni emitió ninguna de las galas, ni votó, ni nada de nada.

3. Salvadorable

Así se refirieron muchos medios al representante portugués. Yo reconozco que a la primera escucha me pareció antitodo y aburrida, pero que al escucharla unas cuantas veces te llega a lo más profundo del policorazón. Sus gestos excesivos, el outfit de sin techo, la coletilla de me acabo de levantar y la sinceridad de sus respuestas contribuyeron a que, por una vez, Portugal tuviese esperanzas de ganar. Junto con su hermana Luisa, encargada de controlarlo todo desde Kiev para cuando llegara el gran momento, los hermanos Sobral se unen a nuestra querida (y por fin vengada) Suzy como mejores representantes de Lusitania en el festival. Salvador incluso hizo una versión flamenca para sus fans españoles y que nosotros adoramos. Bueno, nosotros y el resto de Europa. De ahí que Amar pelos dois rompiera con todos los clichés asociados al festival e hiciera récord de puntos. Muitos parabéns!

4. Francesco Gabbani 

Algo que, junto al no paso a la final de Montenegro, aún no he asumido. El italiano siempre fue el gran favorito, en mi ranking y en el de medio mundo. Y es muy probable que ese haya sido su gran problema. Una propuesta colorida, graciosa y muy bailonga. A Francesco por aquí le seguimos queriendo igual y diga Europa lo que diga Occidentali's Karma es un temazo que merecía un top3, pero en Eurovision siempre pasan cosas locas. A favor de todos aquellos que no entendieron nada, debemos reconocer que el tajazo que le dieron a la canción ganadora del Festival de San Remo para ajustarse a los requerimientos de Eurovision se notaba un poco, aunque es muy probable que la mayoría no supiesen que esa canción tenía dos estrofas más. Buscando una parte positiva al batacazo italiano, decir que Francesco Gabbanni y su scimmia han conseguido que Italia vuelva a fijarse en Eurovision, que eso no es moco de pavo.

5. Abraham Kostov

Por Bulgaria, el primer representante nacido en el siglo XXI. Un niño que además de cantar estupendamente, te hace sentir muy mayor. Algunos dicen que lo de Kostov fue una sorpresa, yo digo que eso es que no has visto las semis. El chaval destacó en su semi y, desde ese momento y si eres un eurofan en condiciones, sabías que el niño iba a pelear fuerte por hacerse con el micrófono de cristal. Y así fue. Que el Abraham Mateo búlgaro y con diastema, acabó segundo. Puesto muy merecido todo hay que decir, aunque yo lo prefiriese para Francesco.

6. Moldoboda y sus novi-coristas

Para mí, toda una (aunque grata) sorpresa. Antes de su semi, la canción me parecía una canción friki más. Y ya. Pero ya con su escenografía y sus cosas se veía que Moldavia, además de merecerse el paso a la final, no iba a quedar muy abajo. Los SunStroke Poject repetían en Eurovision después del fracaso absoluto, a excepción del Epic Sax Guy, de 2010. Resultado: un tercer puesto. Quizá un poco demasiado para lo que era, pero injusticias más grandes de cometieron esta edición (véase Montenegro otra vez o la oscura pero buenísima Finlandia). 

De la inspiración Griega en nuestra Ruth Lorenzo, del húngaro que llamaba a Maluma, del sueco de plástico que se creía un Justin Timberlake wannabe, de Heidi y un vampiro random representando a Rumanía, de la Blanche secuestrada sufriendo como Geno mientras canta como Lana del Rey, de la sombra de Amir en la actuación de la sosísima Alma o de la copia descarada de Guetta que llevó Alemania, no me apetece hablar, la verdad. Bueno, aunque si me pinchan un poco...    

Salvador Sobral y Luísa Sobral, Festival da cançao
The Sobral's | www.jn.pt

La victoria de nuestros vecinos nos ha dejado clarinete que eso de que si no cantas en inglés, nunca podrás ganar; es mentira. Que los países del este ya no se votan tanto entre ellos, si no que en 2017 votaron en masa a Portugal, uno de los países más marginados del festival. Que Portugal tiene mazo vecinos, y por eso ganó. Que necesitamos colorinchis, mucho ventilador y fuegos artificales para salir victorioso. Y alguna cosa más.

Eurovision tiene un componente político que es innegable, pero por encima de todo es música. Una buena propuesta musicalmente hablando, sea en el idioma que sea, siempre se verá reflejada en los resultados. Así que, cuñados del mundo, avanzad e innovad en los comentarios que le dedicáis a Eurovision.    

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