La nominación

Hoy, y por una buenísima causa, tenemos polipost extra. La cosa es que hace unos días nos enteramos de que estábamos nominados a los Buber Sariak. Y, ahora, gracias a que nos habéis votado, ¡estamos en la final!
Nos llena de orgullo y satisfacción estar nominados a nuestra primera mandanga. Aunque no ganemos, ha sido bonito saber que alguien nos lee y ¡hasta le gusta lo que hacemos!
El jueves tenemos polisarao en Vitoria. El primer polisarao.
Gracias.
De verdad.

Este para ti, este para mí

Querida polipeña, lamentamos informaros que se os ha colado la realidad aumentada en casa y ni os habéis dado cuenta. Es más, se sienta con vosotros en el sofá cuando os disponéis a disfrutar del deporte patrio y vosotros cómo si nada.
Aquello de las gafas de Google parecía muy loco hace sólo unos años, pero lo cierto es que, de alguna manera, se ha hecho real. Tanto y tan bien que ni lo hemos notado. Cierto es que no se nos muestra publicidad relacionada con nuestras preferencias, no aún. Pero, ¿sabías que los anuncios a pie de campo que ves tú, no son los mismos que ven otros espectadores?

Nostalgia ochentera

Nuestra primera incursión en el mundo nostálgico vino de la mano de OT. Somos de los 90, no de los 80, pero es evidente que en los últimos años el rollo ochentero está de moda. Porque nos pone tontos, básicamente. Y eso, las marcas lo saben. Prueba de ello son las diferentes consolas que están saliendo en los últimos meses y que nos hacen perder la cabeza mientras nuestra cuenta corriente se tambalea. La mayoría de ellas vienen firmadas por Nintendo, pero también se aprovechan de ellos los videojuegos más clásicos, volviendo algunos de ellos a la plataforma Steam.

Su troll, gracias

La gente es muy de indignarse. Porque sí. Por que es gratis. Pero desde que existen las redes sociales, indignarse por todo es mucho más fácil y al mismo precio. Antes, para montar el pitote (por algo injustificado), tenías que descolgar el teléfono. Y eso cuesta dinero. O mandar una carta. Y los sellos también cuestan. O personarte, que eso cuesta más y da más miedo.
 
En esos casos, el factor anónimo no existía. Y este es una de las principales razones que motivan a la gente a hacerse troll. Dí lo que quieras, total, nadie va a saber quién eres. Nadie va a ser capaz de reconocerte y tú te sientes el rey del mambo, soltando lo que pasa por ese cerebro sin necesidad de ningún filtro.